Alborada de primavera

Ven conmigo y mira madurar la primavera en
nuestro pequeño vergel bañado de luz y frescor,
por un rocío matutino aún no agostado por ese sol
tan imponente, como a veces excesivo en su dominio de mediodía

¿Ves ya brotar, recién nacidas pero formadas, las graciosas ciruelas?
Aún verdes como las hojas verdes que acogedoras las abrazan
Color todo de una orgullosa copa pronto de rojo salpicada
Fruta madura cuya sangre ha de saciar la sequedad de nuestras bocas

Ven, dame la mano, y saludemos el crecer de las glicinias
Dispuestas al abrazo de la inmediata columna de forja blanca
Sostén de futuras sombras que han de litigar con el calor del estío
Pronto serán artesanas del tupido techo que ha de proteger tu piel y la mía

Pasea junto a mi paso atentos al aroma de esas azucenas
Saben que ya se despiden y, generosas, no han de irse
sin derramar en derredor todo su aliento edulcorado y fino,
ambrosía para el alma de quien lo respira
Colman de su blancura un seto de tierra viva, de cuyas raíces
Nuevas y albas hojas hará, a su debido tiempo, renacer

Allá en su rincón, como acunado, mira
Entre los pequeños cipreses de la linde, el mirto
se despereza riego a riego, simiente a simiente
Mirando de reojo a los jazmines, más allá,
tapiando el muro de un níveo vivaz y suntuoso
Cemento gris, tupidamente encalado por pétalos diestramente adosados

Ven, ven aquí, tras el manzano, donde asoman ya tímidas pomas
Descansemos nuestros cuerpos bajo esta inmensidad
Sicómoro fiel, compañero de años, faro y guía de cada nuevo marzo
Caducifolio ostinato que ensambla y sostiene todos los compases
Sí, acá, junto a él embriaguémonos de esta brisa sin furia
De la mirada sin espanto
De un calor leve que no te abrasa

Sí, pero dime tú…
¿Dónde nace y para qué esta luz,
si ha de hacerse oscura noche?
¿A qué dar aprecio a una brisa,
si ha de tornarse vendaval en otro instante?
¿Cómo amar el verdor, la frescura, la fruta…,
si a la vida sigue la muerte,
a la raíz jugosa su podredumbre,
al aire de esta húmeda atmósfera una sequedad como infinita?
¿Por qué reír si también llorar,
la cuna si ha de llegar el nicho,
tanto color desbordado si luego rezumará dolor?

Ven conmigo y mira madurar la primavera
Déjate penetrar por esta alborada y
desecha tan estéril congoja
No mates tus sentidos al abrigo de inviernos que fueron y
otoños que aún no han sido, mediando todavía
un verano hoy, y solo somos hoy, aún ignorado

Espanto

Adormilado y así vulnerable, desprevenido
Fue un instante, donde fugaz, como un rayo
Me recorrió toda la pena del mundo
Soliviantado, un trueno, tenebroso zarpazo
Sacudió un incipiente, apenas sueño abortado

Caían, cual misiles, miles de bebés muertos
Certeros, como esos que los habían reventado,
Derramaban por doquier sangre fresca, nueva
Su brillo inmaculado salpicaba todo
El expandido esperpento que me rodeaba
Llantos desatados de una imponente jauría
Desbocada, como un sismo de dolor ,
Agriaban mis coyundas y me disolvían
Respirando ahogado en una atmósfera pútrida
Gases de tortura, fétidos y mezclados con la locura
De vientos desterrados de sus hormas cardinales
Orgía de climas sofocantes, opresivos
El mundo, inundado, había estallado en irreconciliables pedazos
Intentaban extenuadas sombras escapar a arañazos
Clavando su desenfreno en mi piel impotente y lacerada

En esa turba de horror inmensurable, una joven virgen
Nueva, fresca y ajena a ese mapa de espanto
Me alcanzaba su mano, mas no me tocaba
Quise levantarme, alzarme sobre mis heridas
Sacudirme, desperezarme, huir de tan negro embargo

En un grito feroz, decidido, me alcé
Me deshice de todos ellos
También de ella
Estaba solo, benditamente entero y solo

Solista

Ocurre de tarde en tarde
No siempre, ni es por ti
No eres nadie
Estabas ahí, a tiro, fácil, suficiente
No hay cierta una palabra, tampoco sonrisa
Ni beso, ni mirada, nada
Tú me crees, cándida y entregada, eso basta

Surgió de mí, de mi atávica celada
No hay un encuentro, no hay pasión
Un cuento te conté de un alma errante
Vagabundo sin patria que tú enamoraste
Te lo tragaste, tengo bastante

Era así, sorprenderte, impactarte
De lo que necesito hago arte
Tú no importas, sí y sólo ordeñarte
Secarte las entrañas, vaciarte y volverte a llenar
Para pronto de nuevo sangrarte
Y en medio jugar la dicha de un amor
Tan falso como yo, como tú, como la vida

Ya me cansa, tienes suerte
En breve seré fallida aventura
Un qué salió mal, por qué no fue y demás
Retahílas del sinsabor y la amargura

Nada explican, sólo calman mientras cicatrizas
Me da igual
Con tu primer suspiro, yo ya estaré en otra parte
Y no sé qué día deslumbrar a aquella donde,
Mera coincidencia, como tú, simplemente
Se hallaba justo delante

A veces siento que ya he vivido demasiado

A veces siento que ya he vivido demasiado
Que he traspasado una frontera donde lo vulgar
torna a decantarse hábito, no por novedad
Mas bien por hartazgo de su consciencia
Ya no disimula como antes, juventud
donde vestía disfraces sonrientes de debutantes
Palabras cuya novedad residía en no haber
aún sido pronunciadas, aunque pesaban como siglos,
sin saberlo
Ya no hay disimulo, ni debut, disfraz o novedad
Lo vulgar es lo que existe,
lo que existe es lo vulgar
No es malo lo vulgar,
lo que no puedo evitar es ser consciente
Su identidad, sus maneras, su abrumadora presencia
Esa decepción que quizás antes, joven, obviaba
Será un estado de ánimo, mañana quizá no lo piense
Pero lo sentiré, como hoy y como ayer lo siento
Porque ya no está en un sótano sin luces
Ya no lo anego ni sumerjo, ¿quién lo esconde?
No hay disfraz ni novedad, tampoco soy debutante
Haz dieta, algo de ejercicio, piensa en positivo
Prueba el tarot, la carta astral,
la medicina alternativa, un club de lectura
Vuelve a soterrar, a la impostura de principiante
Hazte el bisoño, anestesia la conciencia
Camela a la decadencia
la decepción
el sinsentido
la degeneración galopante
el fraude en ti y en lo circundante
el hueco que figura lleno
el sudor de ganar un pan hipotecado
que al fin no gano, me cae y lo trago
¡Elige tu vida!
Me río, ¡cómo río!
Elegir… cuando todo es
casualidad o coincidencia
Amores, venturas, labores
A fin de cuentas patrones, puras vanidades,
nada nuevo bajo el sol
Círculos infinitos, viciados por
inexpugnables perímetros
Que solo eres, si eres, humano
Esta levedad insoportable que me grita
Sacude mi sueño, rasga la mentira
Desnuda fábulas y creencias
Banaliza todo ímpetu y aventura,
todo logro, cualquier gloria
Esto y aquello, ya sin trampa
Pura miseria
A veces siento que ya he vivido demasiado
Y otras veces, simplemente, lo sé

De tu flauta, flautista

Me he sentado en la boca de la flauta,
la del de Hamelin
Por cuando vuelva haya de verme
Si de mis fantasmas lograra como las ratas
hacerlos caer en fila,
abducidos por engañosas solfas
En ese mismo tono en que ellos pelean conmigo
sus mentiras para que yo las escriba notas
de música cierta, sinceras cadencias, sonidos dulces
mientras asonantes aun melódicos para
un oído ciego
Cuando oyes más acá de tus tímpanos
creyendo ver la sinfonía de esos días de
vino y rosas, armónicos y coloridos
Sí, esos que terminan, por cierto,
en el el etílico andén de mercancías baratos
Con apuestas siluetas pero sin sustancia
Bemoles marchitos, aromas consumidos sin fragancia
Más ciego yo, sordo y sórdidamente ajeno de mí
Hoy me he sentado de tu flauta en su boca, flautista
Y si no puedes, dame las notas que perforen
esta retina opaca de mis oídos
Pueda yo hacer concierto donde rugen
impostados espectros y silaban
falsas octavas, sinuosas y ascendentes
Prólogo entonces de ícaros tozudamente precipitados

Gaitero

Me gusta

Me gusta tu palabra de dos acentos criada
Brisa de suave onda, timbre de caramelo
Me gusta tu risa contagiosa
Sus cadencias imposibles, hipnóticas y envolventes
La mueca con que sonríes
El beso en que te detengo
Me gusta la mañana que despiertas
sin urgencia, sin motivo pero temprano
Solo porque amas cada amanecer en tus ojos
Los mismos que en mí figuran cielos de
atardeceres llenos,
densos de horizontes por tu brillo coloridos
Me gusta la longitud de tus dedos
cuando acaricio tu mano, más bien la trepo,
la descubro, la estudio, me complazco
Yo que me sé altitudes y latitudes
de tus cinco pequeños rayos creadores
Me gusta el gesto de tu huella cuando pisas
La melodía balanceante de tus caderas
Tu brazo cuando prende y sacia mi cintura

Yo no sé si tú lo sabes,
si lo digo poco o demasiado, si me repito
Pero me gustas… cuánto me gustas.