Yo no supe de gigantes

Yo no supe de gigantes sino
cuando me perdía en tu inmensa altura
Cuando te elevabas desde tu sillón
y a mis ojos tan pequeños te fundías con el techo

Yo te oía atento al decirme
No te ha de faltar una cama donde dormir,
un plato en qué comer, mientras yo no te falte
Pero, en realidad, no te escuchaba
Tú nunca me faltarías
Ni el amor que entregabas con aquellas palabras
Un lugar seguro, siempre, allá donde tú estuvieras
Miro por la ventana otra vez, como entonces,
a través de la nieve, a veces lluvia,
siempre los rayos de sol entre los muchos árboles:
coqueta, sencilla, nuestra, calle Granada de aquel Madrid…
Pero ahora no te veo llegar, y sé que se hace tarde.

Y ocurre que yo sí he vuelto a aquel entonces
Con la ansiedad de sentirte, la pena de no verte
Ya nunca será igual el mundo, mi mundo
Ese donde operarse de anginas no era tan duro
Si yo ganaba dormir contigo, sentado a mi lado,
por mi garganta hora tras hora velando
Y beber aquel zumo de naranja, ese néctar, la pócima que
tú decías, y yo creía, pica porque te está curando.
Ya no puedo volver a despertar el día de reyes y buscarte
con los juguetes que lucían y escondían tu magia
Ya no me queda sino memoria y no puedo barrerla,
sino llorarla.

Pero tampoco quiero el olvido y que desaparezcas
Espero, y ha de llegar, esa mañana en que nazca
tu recuerdo como un nuevo presente, distinto, pero
contigo en mí, de tanto ayer vivo y, como ahora vuelvo a verte,
tomando mi mano y yo sonriente.
Tú, que fuiste tanto tiempo todo mi mundo.

Imagen: Rincón del Tibet

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Yo, así vivo

Yo vivo
Sin comisuras en los labios
Por eso callo, y mi silencio es mi fracaso
Contener no alcanzo, impotente, resignado
Aturdidas, confusas, libres, caprichosas, infames, perdidas…
Palabras vertidas de mi boca a cada lado
Sin remedio
Sin bozal
Con memoria, agazapada y tramposa
Con la rabia que no nombro ni detengo, solo escupo
Sin ti, sin mí, sin techo ni suelo, desnudas de estancia
Huérfanas, les doy parto mas no las reconozco

Yo vivo
Sin suelas en mis zapatos
Por eso todo, aun tierra tierna o mullida yerba, me hiere
Y duelo, indolente
Y lloro, con párpados secos
Y sangro, incoercible y tirana, una ira que no coagula
Atrabilis que quema mis aterrorizadas entrañas

Yo, así vivo, así muero
Por eso callo, mas sin cesar grito.

Imagen : Art Compulsion

Cuando tú ya no estás

Cuando tú ya no estás
en la tierra donde me abrazaste,
sostuviste y alimentaste
Y mi alma, ahora rota, ya no puede quererte

Cuando algo pequeño tira de mi pantalón
preguntándome impertinente qué ha sido de ti,
dónde ahora tu palabra, dulce o cruel
O el porqué de tu sillón vacío
llenando un día tras otro de insaciable soledad

Cuando tú ya no estás,
y yo, amargo y perdido, he de de llorarte
Porque es así este tiempo sin clemencia
Este golpe certero, contundente
Esta hemorragia de rabia y desconsuelo
Cuando tú padre, hoy, mañana, siempre, ya no estás.

Ser es Siendo

No es el tiempo, este discurre, fluye.
Tampoco los hechos: pasados, son deshechos, ausencia.
Es el empeño en el recuerdo, ese dislate que no distingue pasado o presente… son neuronas, sin cronómetro, escupiendo.
Es traicionar la verdad con la memoria, cuando solo hay verdad mientras sucede.
Déjalo ir, renuncia a seguir inventando cualquier realidad que ya no está representada.
¿Aprendiste algo productivo allí? Bien, olvida todo lo demás. Hasta eso, quizá, sea distorsión, mas si te sirve…
Pero deja de dar vueltas, deja de marearte, apaga la centrífuga.
De cualquier ayer eres ya ajeno, otro mundo donde nadie te conoce. Nada pendiente, nada que devolverte, nadie que encontrar o que de ti algo espere. Por más que te obstines: nada, nadie.
Te llamas Hoy, y Hoy es aquí y ahora.
Lo demás, aun acertando, es mentira.
Una mentira vanidosa, tirana y encadenante.
Porque Ser se escribe, aprende a escribir, siempre en gerundio.
Porque Ser es Siendo.

descanda

Sentémonos

Indisoluble nada hay
Hasta  la piedra más dura
puede deshacerse en la corriente del río,
el repetido oleaje de un mar o
o el erosivo roce del viento.

Qué inmutable
Si la misma Tierra rota y gira incesante
O en tu propio cuerpo, un inagotable cruce de reacciones
Pululan aun cuando te hallas sumergido en el más profundo sueño

Si la vida es transformación
Si ella es movimiento
Si cambiar nos hace sabernos vivos y crecer
Por qué me cuentas fantasías de patrias indisolubles
o de esencias inmutables

Siéntate, sentémonos y hablemos, sin esos prejuicios
Si algo distinto, algo nuevo surge
No significa malo
Solo distinto, solo nuevo

¿Y si no te gusta?
Nada ni nadie para ti han nacido
Para mí tampoco.


“”

Alborada de primavera

Ven conmigo y mira madurar la primavera en
nuestro pequeño vergel bañado de luz y frescor,
por un rocío matutino aún no agostado por ese sol
tan imponente, como a veces excesivo en su dominio de mediodía

¿Ves ya brotar, recién nacidas pero formadas, las graciosas ciruelas?
Aún verdes como las hojas verdes que acogedoras las abrazan
Color todo de una orgullosa copa pronto de rojo salpicada
Fruta madura cuya sangre ha de saciar la sequedad de nuestras bocas

Ven, dame la mano, y saludemos el crecer de las glicinias
Dispuestas al abrazo de la inmediata columna de forja blanca
Sostén de futuras sombras que han de litigar con el calor del estío
Pronto serán artesanas del tupido techo que ha de proteger tu piel y la mía

Pasea junto a mi paso atentos al aroma de esas azucenas
Saben que ya se despiden y, generosas, no han de irse
sin derramar en derredor todo su aliento edulcorado y fino,
ambrosía para el alma de quien lo respira
Colman de su blancura un seto de tierra viva, de cuyas raíces
Nuevas y albas hojas hará, a su debido tiempo, renacer

Allá en su rincón, como acunado, mira
Entre los pequeños cipreses de la linde, el mirto
se despereza riego a riego, simiente a simiente
Mirando de reojo a los jazmines, más allá,
tapiando el muro de un níveo vivaz y suntuoso
Cemento gris, tupidamente encalado por pétalos diestramente adosados

Ven, ven aquí, tras el manzano, donde asoman ya tímidas pomas
Descansemos nuestros cuerpos bajo esta inmensidad
Sicómoro fiel, compañero de años, faro y guía de cada nuevo marzo
Caducifolio ostinato que ensambla y sostiene todos los compases
Sí, acá, junto a él embriaguémonos de esta brisa sin furia
De la mirada sin espanto
De un calor leve que no te abrasa

Sí, pero dime tú…
¿Dónde nace y para qué esta luz,
si ha de hacerse oscura noche?
¿A qué dar aprecio a una brisa,
si ha de tornarse vendaval en otro instante?
¿Cómo amar el verdor, la frescura, la fruta…,
si a la vida sigue la muerte,
a la raíz jugosa su podredumbre,
al aire de esta húmeda atmósfera una sequedad como infinita?
¿Por qué reír si también llorar,
la cuna si ha de llegar el nicho,
tanto color desbordado si luego rezumará dolor?

Ven conmigo y mira madurar la primavera
Déjate penetrar por esta alborada y
desecha tan estéril congoja
No mates tus sentidos al abrigo de inviernos que fueron y
otoños que aún no han sido, mediando todavía
un verano hoy, y solo somos hoy, aún ignorado